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The New Opinion Journalism

La risa tonta

La risa tonta

Esta es una de las candidatas a cancion de este verano. Tanto "Amo a Laura" como la canción de El Koala han sido todo un soplo de aire fresco y originalidad para el panorama musical.

Pues no. Al menos no para la música, puede que para la publicidad sí que lo sean. A estas alturas todo el mundo sabe que ese video es una campaña de la Mtv. Bastante buena, y bastante cara, porque aparece más de tres veces cada día en Buenafuente. El mensaje viene a ser que si no ves la Mtv eres como ellos, los jóvenes ultracatólicos y puritanos que ninguno queremos ser. Lo dice una cadena que pertenece a la ABC norteamericana, un grupo de los más conservadores dentro de un país más que conservador. ¿Y quién no quiere ser alternativo, moderno y transgresor antes que eso? Se han inventado una campaña de agresión hacia ellos por parte de unas personas que en la realidad son mucho más graciosas todavía, y que estarán más ocupados haciendo quedadas maristas en el campo o tallando figuritas. Habrá gente a la que le guste, habra gente que pensará que le toman por tonto.

 

 

Las personas como "El Koala" siempre hacen gracia. Solo hay que ver como se gana al público en cada programa repitiendo que su perra le chiva las canciones o que no esta en contra de la piratería. Según él, algun amable desconocido colgó su video en internet, y de ahí al éxito. El hombre consiguió que una discográfica le hiciera un video de bastante calidad (nada rústico ni rural), apareció en internet como algo espontáneo y el boca a boca hizo lo demás. Eso y las apariciones en los medios. Habrá que encontrar a esa productora musical que hace videos por la cara y luego espera a que un misterioso anónimo publique sus trabajos.

Y es que cuando uno ve a cualquier freak poniéndose en ridículo con orgullo ante medio planeta, le inunda un sentimiento de afecto entrañable (veáse el niño del sable de star wars, o el alemán que destrozaba su teclado), pero cuando todo obedece a una estrategia comercial, cuando no es real; los imbéciles estamos al otro lado de la pantalla.

 

Santi B.

Sectarios del mundo, uníos.

Carl Sagan solía decir que las sectas se aprovechaban de su facilidad para responder y colmar necesidades emocionales poderosas que un pensamiento científico no suele satisfacer fácilmente. Lo decía con cierta inocencia porque no había llegado a ver los elocuentes razonamientos políticos que se escuchan últimamente por el mundo.

 Este fin de semana se celebró en Vistalegre el acto de celebración de la victoria del PSOE en las elecciones legislativas de 2004. Miles de seguidores, de todas las regiones llegaron con ánimo y voluntad para participar es tan magnífica celebración. Viéndolos allí, con sus banderitas bicromáticas y plastificadas, eufóricos y llenos de entusiasmo político. Celebraban y ovacionaban los maravillosos discursos de sus amados líderes.

Poco antes habíamos tenido el despliegue del congreso nacional del PP. Con sus tecnologías, sus decorados, sus colorines, sus bailes étnicos, y toda la parafernalia. Veíamos hasta a una figura conocida, ignorando todo sentido de la vergüenza posible, bailando con los jóvenes de nuevas generaciones.

¡Qué emoción!

¿Por qué? Uno se para a escuchar uno de sus discursos con un mínimo de atención y le dan arcadas. Se limitan a insultarse los unos a los otros afirmando que todo lo que dice el contrario es malo. Porque lo digo yo, que para algo soy un alto cargo del partido. Meapilas baratos incapaces de atarse siquiera sus propios cordones que siquiera destacan por ser buenos mentirosos, ni siquiera hablan bien. En lugar de eso, sin ningún sentido de la decencia humana, bailan con nuevas generaciones de aspirantes a marioneta de aspecto filopatético. Que vergüenza. Ya no hay respeto por el público. El tiempo en que los grandes oradores movían masas y hacían falsas promesas de libertad y emancipación a dado paso a un desfile ininterrumpido de peleles patrocinados con el inmovilismo por bandera y el discurso de patio de colegio por norma.

La culpa al fin y al cabo no es de los políticos. Ellos solo son una panda de gilipollas. No tienen la culpa de no hacer bien las cosas, de no tener carisma y de no hablar bien siquiera. Nacieron así o estudiaron en colegios de curas, no se puede hacer nada ya es demasiado tarde. La sociedad crea a esas bestias espantosas. Cuanto menos inteligencia demuestre ante las cámaras, más popularidad recabará entre el público. Los votantes no saben siquiera cual es la finalidad de su voto y cual será el auténtico resultado en caso de que gane su partido. No comprenden siquiera lo que le dice su partido, porque su partido no dice nada con coherencia desde hace 2 décadas. “No sé que es eso de lo que esta hablando, pero le apoyo a usted”.

Recarguemos con un mínimo de dignidad a la partidocracia. Descendamos a los líderes sectarios a la categoría de infames estatuas en honor a la ponzoña, y dejemos que sus propias mentiras los sepulten. Hagamos lo propio con sus partidarios y extendamos el insomnio inducido en la sociedad.

No creo que todo eso mejore las cosas, pero almenos hará más entretenidas las noticias.

Christo Kolocho

Llamen a los yuppies por favor

Un amigo mio dijo en cierta ocasion, que lo mejor que se podía hacer para pasar el rato a la par que para ayudar a la comunidad hoy en día, es organizar una banda violenta que propinase palizas a los empleados de Tecnocasa que se cruzase por la calle. Yo no llegaba a tales extremos, pero lo cierto es que, pensándolo, no seria algo imposible ni infructífero. Y es que antes, cuando uno se cruzaba a alguien con traje por la calle sabía que se estaba cruzando con un yuppie estirado. Le mirabas con desprecio y pensabas, "joder, espero que te mates con tu Bi Mi Uw junto a tu novia por catálogo". Pero ahora todo ha cambiado. Ya nada es lo mismo. Te cruzas con un tipo trajeado por la calle y no puedes evitar pensar que es un tecnocasita de vida frustrada. El tecnocasismo es la primera pandemia del siglo XXI.

Reconocer a un tecnocasita no requiere mucho esfuerzo. Una vez te cruzas con una persona joven, con traje pero desgarbado y con cara de idiota, hay un 90% por ciento de posibilidades de que sea uno de ellos. Si nos fijamos bien, seguro que llevan su biblia particular, el folleto de precios de viviendas en su mano, enrollado, zarandeandolo como si fuera un bastón de poder. Camina por la calle con gesto orgulloso porque aunque su trabajo sea una mierda y siga viviendo con sus padres sin espectativa ninguna de emancipación, lleva traje y su mentalidad simplista le hace pensar que es alguien importante. En ocasiones uno llega a sentir lástima por ellos, pero piensa, "cuidado, te quiere vender un piso".

Aquí es donde pierde toda la gracia el tecnocasita. Cuando esta a una distancia prudente zarandeando su folleto de mando te puedes reir de él. Pero de pronto se planta delante de ti y te ofrece un piso. Un piso de 185000 euros. ¿Tengo yo pinta de poder pagar un piso condenado gilipollas? Si hubiera un poco de justicia en el mundo ahora mismo alguien vendría y te propinaría una paliza violenta. ¿Como se puede tener tan poca decencia en el mundo? Si eres un imbécil diagnosticado encierrate en un sotano y alimentate de cabezas de pescado al estilo Gaspar Hauser.

Algún ingenuo trata de razonar con el tecnocasita que le asalta. Pero esta cometiendo un error de principiante, habla con un muro de fuerte y resistente inconsciencia. "¿Te parece que yo pueda estar interesado en un piso? ¿Y como puedes trabajar para semenjante empresa de mierda que te hace endilgarles a personas ingenuas viviendas a precios abusivos mientras tu no puedes ni aspirar a contar con una hipoteca para la entrada de un piso de 5 m2?" El silencio y una mirada de cordero será lo único que reciba como respuesta.

Así se echa de menos a los yuppies. Pasaban de largo mirando por encima del hombro y almenos podías insultarlos sin reparos morales. Pero ante los tecnocasitas encima tienes que sentir lástima. Jóvenes, estafadores inconscientes de una multinacional megalomaniaca sin más futuro al a vista que vivir en casa de sus padres hasta que quedando huerfanos y solos se suiciden a los 40 años. Si almenos admitiesen que son un chiste andante. Pero encima combinan la presuntuosidad del yuppie con el descaro vendedor del chico del top manta. Tendrá lástima de ellos su padre.

Y ni siquera los yuppies son ya los mismo. También han cambiado. Ahora miran a la gente con cara de psicópatas por la calle como tratando de escudriñar miradas burlonas. Cuando se topan con una responden con una pose inquebrantable como diciendo, "¡Ey! no soy un tecnocasita". Pero sabe que ha caido en desgracia.

Pensando todo esto uno se puede imaginar perfectamente a un grupo de gente uniformada de forma característica, con un tutú quizá, dándole una paliza salvaje al tenocasita. "¡No, yo solo quería ayudar con algo de dinero en casa!", "¡¡Esto es solo un trabajo temporal, no es lo que soy yo, solo es un trabajo...!!", "¡¡Yo no trabajo en tecnocasa soy empleado de un banco!!". Todos los gritos serían inútiles. La violencia se habría desatado. Ningún tecnocasita volvería a salir a la calle con seguridad en sí mismo.

Así sería el fin de la era del tecnocasismo. Con cientos de tecnocasitas apalizados por una banda violenta de gente en tutú.

Christo Kolocho

¡ Ya estan aquí...

¡ Ya estan aquí...

Las elecciones! Han aterrizado en la facultad de ciencias de la información, lo harán en el rectorado de la Autónoma, y solo el tiempo nos salva de que lo hagan en todo el país.

Y aprovechando la coyuntura amiguitos, se nos recuerda lo poco militantes que somos, lo poco que nos interesa nada. Lo huecos y vacíos que estamos. Ante cualquier amenaza electoral, el ciudadano medio (donde quiera que esté) suele analizar las candidaturas y en el mejor de los casos reflexiona y vota. Pero no se implica.

El ciudadano ve tertulias, consume informativos, incluso lee prensa. De la misma manera que descarga música, consume información y entretenimiento o ve porno. A veces tiene interesantes debates absurdos frente al informativo de Matías. Pero eso es todo. Este es el hombre que mira, que absorbe lo que le echen, pero nunca crea. No escribe, no pinta, no piensa. Se traga los mítines políticos, la publicidad de la campaña y luego: no vota.

Pero eso no esta mal del todo, para ellos. Al fin y al cabo un voto es un voto. Sea por convicción o manipulación. De un intelectual o de un parásito. Por ideas...o porque el presidente es guapo. Para mantener al ciudadano pasivo, el desencanto es el precio que tienen que pagar, y a lo mejor no les importa.

Una persona, un voto.

Así hay más espacio para los interesados de verdad en la política, esos que viven, entre otros sitios, en Marbella.

 

Santi B.

La Biblia

La Biblia

Érase una vez que se era...

...un blog maldito donde los haya.

Me ha parecido una buena frase para comenzar con esto.

La única intención que tengo al iniciar este blog es expresar mi opinión acerca de todo lo que sucede en la actualidad o mejor dicho, de lo que nos informan. Sé que mi opinión no tiene por que interesarle a absolutamente nadie, pero como nos vemos obligados a cargar con las opiniones de gente aún más mediocre que yo, siento que tengo completo derecho a hacerlo.

Y esque el periodismo actual es una auténtica mierda. La información es falsa, rancia y repetitiva. Las noticias que publican los medios huelen, o mejor dicho, apestan a maniobra de distracción. Se nos informa de cosas vanales, carentes de interés mientra se nos oculta lo que realmente sucede a nuestro alrededor. Los criterios de selección de la información de los medios, han pasado de la manipulación intencionada, a la dirección comercial-publicitaria de las noticias y, en estos momentos, a la publicación sistemática por parte de los medios de información institucionalizada de segunda mano. Los comunicados de prensa de empresas, estados, gobiernos, organizaciones, y las noticias que llegan a los medios por dudosas agencias de información internacionales, pasan directamente a la publicación. Los buenos periodistas han sido sustituidos por sectarios, marionetas y caras bonitas que dan las noticias pensando que Estambul es la capital de Turquía.

Pero los medios no son más que un reflejo de la sociedad que los consume. El prototipo o estereotipo del hombre moderno es un petimetre simplista, conformista y satisfecho con su triste existencia de esclavitud a una forma de vida basada en la rutina tanto en el trabajo como en el entretenimiento, el consumo de bienes innecesarios y la dependencia de un sistema que le rodea al cual mira desorientado y aturdido, a la espera de encontrar una esquina lo bastante poco sucia para caer en ella muerto con un mínimo de integridad. Nauseabundo.

Los medios de comunicación nos engañan a diario. Nos dan información falsa. Y la gente no hace nada. Aunque lo sabe no reacciona. Es preferible vivir en la inopia, en la ignorancia y el conformismo con tal de no tener que emprender una acción que le exija mover un pie delante del otro durante casi 10 metros.

Ante la indiferencia mayoritaria, los medios actúan con más descaro si cabe. Ya no se avergüenzan de mentir. Si lo hacen y se les descubre, reinciden con más fuerza a ver si en el segundo intento cuela. Alguien perfectamente prescindible en la historia ya dijo que si se mantiene una mentira por grande que sea con suficiente fuerza durante el suficiente tiempo, se terminará convirtiendo a los ojos del mundo en una verdad inquebrantable. Y así, los que no quieren caer en la espiral, se encuentran ciegos, no sabiendo en que apoyarse, tambaleandose por su vida de desgracia y desesperación antes de caer en la misma esquina putrefacta que su amigo conformista.

Por suerte, a finales del s. XX, un grupo de periodistas se jugaron sus carreras y su futuro tratando de crear un periodismo de calidad. Hoth, Pollini y compañía decidieron hacer algo por cambiar las cosas, y, al no tener acceso a lo que sucede de verdad, almenos se plantearon chillar ante lo que evidentemente es mentira. Así nació el Nuevo Periodismo de Opinión. Sin restricciones morales, sin coacciones éticas posibles.

Y perdieron tanto sus carreras como su futuro... Que curiosa es la vida.

 

Christo Kolocho